miércoles, 2 de abril de 2008

MITOS Y LEYENDAS EN LA MEDICINA: “EL MAL DE OJO”

En alguna oportunidad habremos escuchado a alguna persona decir lo siguiente: “ese niño llora mucho por que de seguro alguien le ha ojeado”, o quizá también nos habrá llamado la atención ver atado a la muñeca de algún recién nacido una cintilla roja colocada ahí precisamente para evitar que “ojeen” al niño o que le hagan “mal de ojo”.

Esta es pues, una de las creencias más populares dentro de nuestra sociedad, y cuyo mecanismo consiste en el influjo que una persona malintencionada o envidiosa ejerce sobre otra de manera que esta ultima, comúnmente llamado “ojeado”, llega a tener molestias, fastidio e incluso enfermar o morir.

Pero ¿Cuál es el origen de esta fe que supone la injerencia de fuerzas invisibles y desconocidas capaces de transferir intenciones malignas? Un posible origen nos dice que esto podría remontarse a un tiempo en que la brujería y la hechicería estaban muy arraigadas en el pensamiento de la gente, y se pensaba que aquellas “brujas” que tuvieran alguna característica resaltante o anormalidad en los ojos podían ser capaces de provocar desgracias, enfermedades, e incluso la muerte a todo aquel que era victima de su maléfica mirada –¿acaso de ahí vendría la tan conocida expresión “si las miradas mataran”?–.

Se ha relacionado bastante, y aun se sigue haciendo, al mal de ojo con la idea de que si alguna persona siente envidia por alguien y lo mira con “malos ojos” o malas intenciones entonces ocurrirá algún tipo de desgracia a esta última. De igual manera, mirar a alguien cuya parte blanca del ojo sea más grande de lo normal, o si se es mirado por alguien que padezca de cataratas u opacidades en el ojo, trae mala suerte; algún defecto físico en el ojo era suficiente para ser considerado sospechoso de causar mal de ojo.

Es muy popular la creencia de que las víctimas más propensas al mal de ojo sean los recién nacidos y los niños pequeños (aunque de vez en cuando los adultos no están exentos de padecerlo) en quienes este mal se manifiesta con llantos prolongados, enfermedades recurrentes o inquietud inexplicable. Para ellos precisamente se ha ideado la mejor forma de contrarrestar este padecimiento y es el de atar con una cintilla de color rojo alrededor de su muñeca; en muchos casos también se emplea las semillas del huairuro: Planta del Perú de la familia de las Leguminosas, de frutos en vaina y con semillas no comestibles de color rojo y negro, que se usan como adorno y como amuleto.

Supersticiones muy antiguas han sobrevivido el paso de los años y no han sucumbido al desarrollo de la ciencia médica; pensar que las desgracias, enfermedades y muerte se atribuyen a las miradas malignas es una creencia tan arraigada que no ha podido ser removida de nuestras mentes. En el antiguo Egipto, era muy frecuente el empleo de un amuleto llamado Oudyat (representación del Ojo de Horus), que debía ser llevado en forma de brazalete, collar o como anillo; de esta manera, pensaban ellos, tendría benéficas propiedades curativas ya que se pensaba, entre otros beneficios, contrarrestaba los efectos del “mal de ojo”. En la actualidad, las practicas y creencias supersticiosas son tan comunes que las vemos a cada vuelta de la esquina, y también es bastante frecuente encontrar personas que atribuyen a diversos objetos cualidades y poderes protectores convirtiéndolos en verdaderos amuletos.
En la Edad Media, una época en la que se pensaba que las brujas mataban o provocaban desgracias a sus víctimas con el poder de su mal de ojo, cientos de mujeres sufrieron la ejecución inclemente e injustificada por el solo hecho de que algunos individuos, fueron presas indefensas de la rígida y airada mirada de aquellas féminas. Y tal era el terror que infundían que incluso los jueces temían ser embrujados cuando dictaban sentencia, generando que muchas veces se obligara a la acusada entrar de espaldas en la sala del tribunal. En las ejecuciones públicas, el espectador que se creía embrujado compraba al verdugo una soga usada y la quemaba hasta reducirla a cenizas. Después las mezclaba con agua fría y las tragaba para verse libre del mal de ojo. Los persuadidos de que sus desgracias se debían al mal de ojo procuraban zafarse de la maldición arrojando agua sobre las huellas de los pies del posible autor de sus males.

Los métodos de protección contra el mal de ojo adquirieron, por consecuencia, una compleja variedad de formas. En el Cercano Oriente y en Turquía se escribían frases del Corán en las paredes exteriores de las casas, con el fin de establecer una barrera sagrada contra la influencia perniciosa del ojo. El símbolo del ojo, que incluso hoy se ve pintado en la proa de los barcos de pesca en algunos puertos del Mediterráneo, también se suponía que anulaba los efectos del mal de ojo con suma eficacia. En Portugal las gentes se protegían con ramos de salvia, y en el sudeste de Europa se recurría al ajo, sobre todo por parte de los eslavos y los griegos. Los beduinos del norte de Arabia llevan dos canicas a todas partes; una de ellas es negra, y les ampara durante la noche, la otra, blanca, durante el día.

Esta ha sido una sucinta descripción de uno de los mitos más populares en nuestra sociedad. Su relación con aspectos de la salud de la persona afectada y su eventual curación a través de artilugios mágicos y supersticiosos lo convierte en un mito a ser considerado por todo aquel que esté inmerso en la atención de pacientes o que se encuentre ejerciendo o desempeñando labores profesionales en el área de las ciencias médicas, ya que no podemos estar ajenos a estas creencias sino mas bien comprenderlas y entenderlas en el contexto del pensamiento de las personas para poder ofrecer un tratamiento integral.

Jm.

No hay comentarios: